Por: Michael de Beras, MA.
.- «Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo». 2 Timoteo 2:12-13 (RVR1960)
Casiodoro de Reina, traductor original de la Reina Valera, en la misma Biblia del oso comentó sobre este versículo, pero analicemos el origen primeramente.
La palabra fiel en el original griego es simplemente “pistós” (se escribe πιστὸς), y para infiel es “apistós” (ἀπιστὸς). Sencillamente agregar una “a” (ἀ) a “pistós”. Resultado: “pistos” (fiel) y “apistós” (infiel).
“Pistós” se refiere a ser hallado fiel, ser enteramente confiable, creíble, a carecer de falsedad. El término es muy fuerte, la palabra exige entereza; al que es realmente verdadero, esta palabra lo sella como genuino.
Es la misma palabra que robustamente se utiliza en Apocalipsis 19:11:
Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel (pistós) y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.
Si analizamos detenidamente, fiel (pistós), más que referirse a honrar un acuerdo, se refiere a un atributo en sí, a ser creíble, confiable, real.
Las versiones modernas (me refiero a las de menos de un siglo) han mantenido el término fiel, puesto que en español es más que válido. Una segunda acepción en el diccionario de la Real Academia Española, define la palabra como: “exacto, conforme a la verdad”, teniendo como sinónimos “preciso, exacto, fidedigno, fiable, verídico, riguroso, cierto, seguro”.
Entonces, ¿es Dios fiel a los infieles?
Deteniéndonos un poco, ninguna traducción dice: “si fueremos infieles, Él se mantiene fiel con nosotros”, o “…Él nos mantiene su fidelidad”, tampoco “…Él nos es fiel”. No, lo que dice es que “Él permanece fiel”, Él, o sea se mantiene siendo quien es ante nuestra actitud, no importa si creemos o no en Él. Se trata de que su atributo no se altera por causa nuestra. Dios sigue siendo Dios aunque nosotros le demos la espalda.
Por lo mismo, la Reina Valera 1862 lo traduce como _“Él se queda fiel”_.
“Apistós” (infiel), puede ser traducido de dos formas: 1- no tener los atributos de “pistós” (o sea “desconfiable, falso…” -lo mismo que infiel-), 2- no creer o aceptar el atributo de “pistós” en la deidad de Dios; lo mismo que sería decir “incrédulo”, o “no creyente” de la veracidad del Dios único.
El diccionario Griego de Strong, subraya que en el Nuevo Testamento “puede referirse a aquellos que son escépticos, dudan o rechazan abiertamente el mensaje de Cristo. La palabra también puede implicar falta de veracidad o confiabilidad en el sentido más amplio”. (Biblehub 2024)
Obedeciendo a sus orígenes, la misma Real Academia Española, aparte de “traidor, desleal y adúltero”, agrega como sinónimos para infiel, “pagano, hereje, apóstata, ateo y descreído”.
Todo indica que “apistós” tiene algo de todas estas palabras; aunque ninguna lo defina exactamente. Quizás ni siquiera infiel.
Traducciones más antiguas (KJV, Biblia de Wycliffe,…) eligieron “incrédulo”. De las versiones recientes sólo la Biblia de las Américas ha hecho la anotación que “incrédulo” es válido.
Es interesante notar que la Reina-Valera 1862, la primera en ser bautizada con el nombre Reina Valera, así como la pionera en suprimir los libros no canónicos que como apéndice conservaba la Biblia del Cántaro, tradujo 2 Timoteo 2:13 como “Si no creemos, él empero se queda fiel: no se puede negar a sí mismo”. La Reina Valera 1865 también lo tradujo de la misma forma.
Esta traducción es más clara al especificar que Él permanece fiel en sí mismo, sin sugerir en lo mínimo estar obligado a cumplir con los que no creen (infieles-apistós).
Es aún más notable que la traducción original de Casiodoro de Reina, La Biblia del oso (1569), incluye una específica anotación del autor. Casiodoro anotó que apistós (traducido como “infiel”) puede ser también traducido como “…si no creyéremos…” (ver nota lateral en imagen anexa).
Además, Casiodoro de Reina colocó en las anotaciones que encabezan el capítulo, que este se trata de la «pena para los infieles». Esto aclara todo. (ver imagen anexa).
La justicia de Dios es de honrar a los que siguen la fe (del origen pistis), no a los infieles (apistós). Entonces, ¿Puede Dios salvar a los infieles?
Jesús especificó que el que no cree (del mismo origen de pistós) “ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. Luego prosiguió diciendo que “El que recibe su testimonio, este atestigua que Dios es veraz”, y sentenció que «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. (Juan 3:18, 33, 36)
El que es apistós (infiel), ya ha sido condenado (Juan 3:18), no tiene pacto con Dios. Si se mantiene siendo apistós la ira de Dios está sobre él. Esto hay que tenerlo claro, Dios no tiene pacto con el apistós. Si tuviere pacto y muriere entonces fuera salvo, porque es un “pacto hasta la muerte”. Dios tiene pacto con los fieles. El que haya dado la espalda a Dios necesita ahora hacer un pacto de fidelidad con Él, y honrarlo como un Dios Fiel y Verdadero.
Es importante notar que apistós no se refiere a alguien que le falla a Dios en algún momento, sino que lo rechaza eligiendo otro amor, otro Dios.
En ningún modo 2 Timoteo 2:13 sería el texto que justificaría que Él es fiel a los infieles, o a los que no tienen su confianza en Él. El verso 12 es categórico: Él niega a los que lo niegan.
Al parecer la primera parte del verso 13 está estrechamente conectada al verso 12. ¿Por qué?, porque el verso 13 finaliza con la sentencia que ya fue marcada en el verso anterior usando la misma palabra: negar, “Él no puede negarse a Sí mismo”. Por eso el niega a los que lo niegan, si se quiere, a esos mismos que le son infieles.
Si no creemos en Dios como nuestro único salvador, y aun así Él nos garantiza su promesa, es lo mismo a que Dios no se respete así mismo. El texto parece decirnos algo como son mis palabras: si tú me niegas, me estás obligando a negarte, porque si te tengo como digno de mi reino, me estoy negando a mí mismo. Sí, si te honro, tú rechazándome, me estoy rechazando Yo.
El Salmo 78, titulado por la RVR1960 como _“la fidelidad de Dios hacia su pueblo infiel”, es en sí un compendio del juicio de Dios hacia ellos. Extendiendo un ramo de misericordia por medio de los que fueron hallados fieles, la tribu de Judá. Sí, ¡Gloriosa es la misericordia de Dios! Es importante observar que tener misericordia no es lo mismo que ser fiel a los infieles.
Dios, “cuyo nombre es Celoso” (Éxodo 34:14), exige de nosotros fidelidad. Por eso el más grande mandamiento es: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”. (Mateo 22:37).
El infiel debe arrepentirse, tornarse a su único verdadero amor y renovar sus votos. Apocalipsis 21:8 especifica que: “…los cobardes e incrédulos (apistois), los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”. RVR1960.
Aunque la misericordia de Dios está envuelta en un misterio (Éxodo 33:19), respecto a Su fidelidad, Él es fiel en sí mismo, y se manifiesta “fiel con quien le es fiel”. (Salmo 18:25 DHH, NTV, NVI).































