Por Elías Wessin
.- El amigo y exdiputado Rafael Méndez ha dicho que el nombramiento del amigo Víctor “Ito” Bisonó como ministro de Relaciones Exteriores demuestra “el giro hacia la Derecha del gobierno del PRM”.
A mi modo de ver Rafael Méndez plantea un espejismo de “giro a la Derecha”. O mejor le pregunto ¿estamos frente a un giro ideológico o a la influencia del realismo político?
Bueno… ¡veamos despacio!
El nombramiento de Ito Bisonó, anunciado el 16 de agosto mediante el Decreto 554-26, ciertamente puede leerse como una señal política. Bisonó tiene una trayectoria pública asociada al pragmatismo y a las relaciones internacionales.
Pero una cosa es un movimiento político táctico y otra muy diferente es un cambio de paradigma ideológico.
Ahí saco la ‘tijera’ de la Ciencia Política y me permito desmontar etiquetas. Lo primero es: ¿qué entendemos por “Derecha”?
Porque en el debate político hemos llegado al curioso extremo de que basta con nombrar a una persona de determinado perfil, acercarse a Washington o defender una posición conservadora en algún tema para que inmediatamente aparezca el rótulo de “Derecha”.
Si el personaje ‘resulta difícil’ para la izquierda, entonces se activa el segundo nivel del dispositivo retórico: “ultraderecha”, “extrema derecha”, “fascista” y todo el repertorio disponible en el cajón de los epítetos-cliché.
Por eso resulta significativo que Rafael Méndez, esta vez, hable simplemente de un “giro hacia la Derecha”. Al menos no sacó todavía el diccionario de las catástrofes.
Porque una cosa es la Derecha política democrática, conservadora, republicana, liberal-conservadora u ordoliberal, y otra muy distinta son las categorías radicales, las más de las veces e históricamente del lado izquierdo. Asignar etiquetas a conveniencia discursiva no es Ciencia Política: es taxidermia ideológica.
El problema es que todavía no veo el “giro”. Si examinamos el modelo de gobierno del PRM (y, antes que este, el de los gobiernos del PLD-Danilo Medina) encontramos más continuidades que rupturas.
Ambos han estado vinculados históricamente a la tradición de la Internacional Socialista y, en términos de política pública, han operado fundamentalmente dentro de una matriz socialdemócrata o de centroizquierda, con algunas dosis de pragmatismo.
En materia económica, no estamos ante la aplicación sistemática de la Escuela Austríaca ni ante un modelo inspirado en la Escuela de Friburgo.
No vemos un Estado reducido a sus funciones esenciales, ni unas ejecutorias y promoción de la libertad económica, ni una sustitución del intervencionismo por un orden competitivo robusto.
Más bien hemos tenido una economía mixta, con intervención estatal, políticas fiscales expansivas en distintos momentos, programas sociales y una concepción en la que el Estado continúa desempeñando un papel considerable en la redistribución y provisión de servicios.
Es decir, Keynes todavía no ha sido desalojado del Palacio Nacional por Hayek, Mises o Röpke.
Para hablar seriamente de un giro hacia la Derecha no basta con cambiar funcionarios. Habría que observar cambios consistentes en la concepción del Estado, la economía, la política social, la cultura, la seguridad, la propiedad, la libertad individual y el orden institucional.
En lo social, tampoco ha ocurrido un cambio. El modelo dominicano sigue descansando considerablemente sobre el asistencialismo estatal.
Una política social verdaderamente orientada por la libertad no consiste solamente en aumentar las transferencias del Estado. Debe procurar que el ciudadano pueda dejar de necesitarlas.
Hay una gran diferencia. El Estado socialdemócrata tiende a preguntar: “¿Cuánto podemos transferir?”
La perspectiva de la libertad pregunta: “¿Qué condiciones debemos crear para que la persona pueda producir, progresar y valerse por sí misma?”
Eso implica educación de calidad, propiedad, emprendimiento, seguridad jurídica, competencia, empleo productivo, reducción de trabas burocráticas y un Estado que proteja las reglas del juego en lugar de convertirse en jugador permanente.
Eso es mucho más cercano a la Doctrina de la Libertad, el Orden y la República que al simple asistencialismo estatal.
Entonces, ¿qué significa el nombramiento de un nuevo Canciller? El nombramiento puede interpretarse como una señal táctica y geopolítica.
La República Dominicana tiene que relacionarse con la administración de Donald Trump, con Washington y con el nuevo mapa político hemisférico. La política exterior dominicana no subsiste en una burbuja ideológica, mientras cambia el tablero regional.
Pero ese realismo político no es necesariamente conversión ideológica. El gobierno puede estar diciendo, en términos bastante sencillos: “El mundo cambió; nosotros también tenemos que ajustar la vela.”
Eso no significa necesariamente: “abandonamos la socialdemocracia y abrazamos la Derecha republicana.”
Hay otro elemento, el cambio del viento cultural. En ese marco podemos hablar de una cierta modificación del ambiente político.
El cierre y repliegue de programas financiados por USAID durante la administración Trump ha alterado considerablemente el contexto internacional en el que se habían desarrollado determinadas agendas progresistas. El propio Gobierno dominicano ha tenido que abordar públicamente las consecuencias de la suspensión de fondos de USAID.
Paralelamente, tenemos un hecho político-jurídico de enorme importancia, finalmente salió el nuevo Código Penal dominicano, después de más de dos décadas de intentos y debates. La Ley 74-25 fue promulgada en agosto de 2025 y las posteriores modificaciones fueron promulgadas en julio de 2026.
El asunto de las tres causales del aborto, la discusión sobre género y otros temas culturales habían sido precisamente algunos de los puntos de mayor fricción política alrededor del Código.
¿Significa esto que el PRM se convirtió en un partido conservador?
¡Claro que NO!
Significa que el contexto político internacional cambió y que determinadas posiciones que antes parecían políticamente intocables comenzaron a encontrar espacio para ser discutidas de otra manera. Eso es adaptación. No necesariamente conversión.
La paradoja es que la propia izquierda nos ayuda involuntariamente a demostrar el argumento. ¿Por qué?
Porque cuando una administración simplemente cambia algunas posiciones y de inmediato se le acusa de “giro a la Derecha”, “ultraderecha” o cualquier otro término de la familia neomarxista, queda demostrado que la vara de medición se había movido tanto hacia la izquierda que el centro parece derecha.
Ese es uno de los grandes problemas del debate contemporáneo. Alguien defiende la familia y es “ultraconservador”; defiende la propiedad privada y es “neoliberal”; defiende las fronteras y es “xenófobo”; defiende el orden y es “autoritario”; defiende la libertad económica y es “antisocial”; defiende la soberanía nacional y es “nacionalista extremo”.
Y para ponerle la ‘cherry al bizcocho’, si mira favorablemente hacia Washington, ya casi necesita un abogado defensor. ¡Ofrézcome!, como diría un cibaeño.
La política no se puede analizar con una regla cuya graduación fue dibujada por el adversario ideológico. El PRM sigue siendo, fundamentalmente, centroizquierda
Por eso mi conclusión es distinta a la de Rafael Méndez. No veo, hasta ahora, un giro doctrinal del PRM hacia la Derecha.
Veo un desplazamiento táctico, una adaptación al nuevo equilibrio geopolítico hemisférico y cierta moderación de determinadas posiciones culturales que habían adquirido fuerza durante la etapa anterior.
En otras palabras, se le han cortado algunas plumas progresistas al ala gubernamental. Pero eso no convierte automáticamente al ave en Águila de Derecha.
El gobierno sigue funcionando dentro de un esquema de economía mixta, políticas sociales de fuerte presencia estatal y una concepción política que, en términos generales, permanece dentro de la tradición socialdemócrata.
Lo que ha cambiado, fundamentalmente, es el viento, y cuando cambia el viento internacional, hasta los gobiernos más tercos descubren que existe algo llamado ‘realismo político’.
Para quienes defendemos la Libertad, el Orden y la República, no basta con que un gobierno haga tres o cuatro movimientos que coincidan coyunturalmente con posiciones conservadoras. Es a mi modo de ver lo que sucede esencialmente en la Venezuela poschavista de Delcy Rodríguez. Obviamente, Venezuela no es RD. Pues aquí hay una democracia, allá se está tratando de ensayar una nueva.
La Derecha republicana con doctrina, tiene que defender la libertad económica, la propiedad, la responsabilidad individual, la familia, la soberanía, la seguridad, el Estado de Derecho, la competencia, la disciplina fiscal, la reducción del privilegio estatal y un Estado fuerte en aquello que debe ser fuerte y limitado en aquello que no debe controlar.
Eso es mucho más exigente que cambiar un ministro, porque la Derecha no es un nombramiento, es una concepción del Estado y de la sociedad.
Así que, amigo Rafael, aceptemos el debate. Si quieres llamar “giro a la Derecha” al nombramiento de Ito Bisonó, concedido. Pero desde la Ciencia Política conviene ponerle apellido, esto es, giro táctico, no conversión doctrinal; realismo geopolítico, no cambio ideológico.
Mientras tanto, quienes creemos en la Libertad, el Orden y la República seguiremos esperando algo más sustancioso que un cambio de plumaje.
Para que haya verdadero ‘giro a la Derecha’ no basta con cambiar las fichas, hay que cambiar el tablero.






























