Por: Rentería Montero
.- Recientemente, la Organización Mundial de la Salud dio a conocer un informe en el que la República Dominicana se coloca en el primer lugar de una lista de países con mayor número de muertes por accidentes de tránsito en el mundo.
A causa de los siniestros viales, se reportan cada año 64.6 muertes por cada cien mil habitantes, de los cuales un 87% corresponde a personas del sexo masculino, mientras que un 13% de las víctimas son mujeres.
El reporte de la OMS, también establece que las víctimas más frecuentes, rozando el 60%, son personas jóvenes entre 15 y 34 años de edad.
Las estadísticas ofrecidas solo reiteran una realidad que todos conocemos y vivimos a diario. Basta con echar una mirada a la manera temeraria y abusiva con la que conductores -de carros, camiones, guaguas y motocicletas- se desplazan por calles y avenidas sin el más mínimo respeto a la norma de tránsito y la vida.
Es común, ya normalizado, ver a personas conducir bajo los influjos del alcohol, de las drogas o simplemente entretenidos verificando su celular. El cruce del semáforo en rojo es otra norma entre conductores, sin importarle un carajo la desgracia que se pueda provocar.
El cuadro deja al desnudo -de manera vergonzosa y penosa- el escaso compromiso con sus iguales y la sociedad. Ese desprecio a normas legales, sociales, a la vida misma -como garantía de la convivencia pacífica- coloca en contexto lo referido por el apóstol Pablo en su Segunda Carta a Timoteo, sobre el carácter de los hombres en los postreros días.
2 Timoteo 3:2-5, dice: «2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita».
Lo peor de todo, es que ante lo que ocurre las entidades rectoras, la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre y el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre, se observan parapléjicas, incapaz de accionar de manera efectiva contra conductores suicidas que representan una seria amenaza para la sociedad.































