Por: Elvin Castillo Nieves
.- La historia está llena de momentos en los que la emoción se impuso sobre la razón. Uno de los más simbólicos ocurrió cuando una multitud prefirió la libertad de Barrabás antes que la de Jesús.
Ese episodio nos recuerda que el respaldo de una mayoría no convierte una decisión en justa ni en correcta. Vivimos tiempos en los que los aplausos, las tendencias y la viralidad muchas veces pesan más que los principios, la preparación o los valores. Pero la popularidad jamás debe confundirse con la verdad.
Y precisamente por eso, la libertad de expresión que hoy defendemos con tanta convicción no solo protege nuestro derecho a decir lo que pensamos; también nos exige la madurez de escuchar aquello con lo que no estamos de acuerdo. Defender la libertad únicamente cuando confirma nuestras ideas no es defender la libertad: es defender nuestra comodidad.
Pensar por cuenta propia, cuestionar y actuar con criterio sigue siendo una de las mayores responsabilidades de un ciudadano libre.
Estás de acuerdo o crees que las mayorías siempre tienen la razón?
El autor es periodista































