Por: Tony Pichardo
.- Debemos abrazarnos, más en los parques y menos en las funerarias.
Decir ese “te quiero” cuando todavía podamos escucharnos, sin murmullos de rezos y rostros de tristeza.
Regalar esas flores y contemplarlas juntos entre risas y besos de todos los colores, tomar esos cafés, sin sabores amargos ni ataúdes.
Encontrarnos en la tarde frente al mar solo para mirar juntos cómo se esconde el sol y mirarnos después con sonrisa tonta y agraciada.
Debemos, ahora que podemos, caminar bajo la lluvia esos senderos y llegar a ese valle de alegría donde todos nos creemos inmortales.































