.- Advertía el líder comunista, político y estadista chino, Mau Tse Tung, que “el poder es como un peligroso tigre de bengala que para bajarse de su lomo hay que tener extremos cuidados si se quiere evitar ser devorado por el animal”.
Luego de 20 años en el poder y afectado por una división interna, el Partido de la Liberación Dominicana baja en condiciones que le permitirán protegerse de la bestia y con una profunda renovación, conexión con el pueblo, volver sobre el felino.
El candidato presidencial del PLD, Gonzalo Castillo, asumió sobre sus hombros el sacrificio de ir a unas elecciones en las peores condiciones para su partido a partir que asumieron el gobierno por primera vez en el 1996.
Los 12 años del expresidente Leonel Fernández y los 8 de Danilo Medina generaron un desgaste natural que sumado a la división interna, la desconexión de muchos funcionarios con el pueblo y el sabotaje de las elecciones municipales de febrero, hicieron cuesta arriba los esfuerzos de Castillo por mantener el PLD en el poder. Todo eso sin dejar de mencionar que muchos funcionarios lo dejaron solo, nunca sumieron la candidatura con la entrega acostumbrada de esa maquinaria ganadora de elecciones.
Gonzalo Castillo, con voluntad espartana y una capacidad de trabajo a toda prueba, desafío el peligro de la pandemia del coronavirus. Su solidaridad caló en el pueblo y le permitió recuperar el desplome electoral que se había agudizado con las protestas de los llamados “Los Popis” luego del sabotaje de los comicios municipales de febrero, por negligencia de la Junta Central tal y como lo estableció en su informe la Organización Estados Americanos.
Gonzalo sabía que se encontraba en el terreno luchando solo con el apoyo del presidente y algunos colaboradores leales al PLD y su líder Danilo Medina.
Finalmente, y apoyado, además, en sus recursos privados, Gonzalo perdió los comicios con el 38% de los votos emitidos.
Los esfuerzos del ex ministro de obras públicas dejaron al PLD como el primer partido de oposición a 30 puntos de su más cercano, la Fuerza del Pueblo, FUPU y su presidente Leonel Fernández.
Convertido en el principal partido de oposición, Castillo deja el Partido de la Liberación Dominicana como la primera opción para desplazar al PRM, ganador de las elecciones presidenciales, congresuales y municipales.
Para ello el PLD deberá reducir a su mínima expresión la fuga de su militancia hacia otras fuerzas como la que lidera el expresidente Fernández y reestructurar profundamente la organización morada insertándole sangre nueva. Re-conectar con una pujante clase media que ha decidido ser parte de las decisiones y los cambios en su país tal y como lo dejaron claro en las protestas frente a la Junta Central Electoral y con anterioridad las luchas por el 4% y Marcha Verde contra la corrupción.
Una vez creado el escenario, los nuevos domadores del PLD deberán acercarse con extremo cuidado al tigre pasarle la mano, acariciarlo y entrar en un ambiente de confianza, que le permita volver sobre él, sin que en el intento sean devorados por “el felino”.































