Por: Alfredo de los Santos Jorge (II de III artículos)
.- Para comprender el secreto de cómo Estados Unidos llegó a convertirse en la nación más poderosa del mundo, es imprescindible conocer el cimiento sobre el cual fue edificada; es decir, su ADN fundacional.
El embrión espiritual de Estados Unidos
El embrión de la nación estadounidense no nació en suelo americano, sino en Leiden, Holanda, en el seno de la congregación del reverendo John Robinson. Este pastor se había trasladado desde Inglaterra debido a la creciente hostilidad del gobierno contra los miembros de su iglesia, originalmente establecida en el poblado de Scrooby.
En 1607, tras enormes dificultades, dicha congregación logró refugiarse en Holanda, país conocido entonces por su tolerancia hacia las iglesias reformadas. Sin embargo, para 1618, Holanda (al igual que Inglaterra) comenzó a mostrar signos de persecución contra ellos.
Ante este nuevo escenario, el reverendo Robinson concibió el Nuevo Mundo no como un espacio de saqueo y conquista, sino como el lugar donde los jóvenes de su congregación podrían edificar una comunidad basada en la libertad, la fe y el orden moral, un faro de luz sobre la montaña, en contraste con la decadencia espiritual y política de Europa.
Como un Moisés moderno, Robinson envió a parte de su congregación a “cruzar el Jordán” hacia la tierra prometida, aun sabiendo que, debido a su edad, él mismo no la pisaría.
La partida y el legado moral
El 5 de agosto de 1620, los miembros de la congregación se arrodillaron para orar antes de la partida. Entre lágrimas y abrazos, fueron despedidos con un sermón profundamente orientador, del cual se extraen estas palabras clave: “Así como los hombres cuidan que una casa nueva no sea sacudida antes de estar firmemente asentada, así también ustedes deben cuidar que la casa de Dios no sea perturbada con novedades innecesarias.
Y puesto que se han constituido en un cuerpo político, ejerciendo gobierno civil entre ustedes, demuestren sabiduría y piedad al elegir gobernantes que amen el bien común, honrándolos no por la elegancia de su manto, sino por la virtud de su mente y la ordenanza de Dios para su bien.”
El Pacto del Mayflower: primera Constitución
Dos meses después, ya a bordo del Mayflower, sus tripulantes redactaron lo que sería su primera Constitución: el Pacto del Mayflower, firmado antes de pisar tierra.
Este documento rigió la vida política de las 13 Colonias hasta el 17 de septiembre de 1787, cuando se redactó la Constitución en Filadelfia, vigente desde 1789. Dicha Constitución fue escrita conforme a los ideales y al legado moral del reverendo Robinson.
Iglesia, educación y gobierno
Las iglesias fueron el eje central de las colonias.
De ellas surgieron, las escuelas y universidades, los líderes políticos, la cosmovisión moral de la sociedad.
De ahí la permanencia de la frase “In God We Trust” en la moneda estadounidense y la práctica común (durante siglos) de iniciar clases escolares y sesiones del Congreso con oración.
Aún en pleno siglo XX, hasta la llegada del presidente John F. Kennedy en 1960, la presencia pública de Dios en la vida nacional era algo habitual.
John Winthrop y la consolidación puritana
Aunque muchos puritanos murieron por el clima y las enfermedades tras su llegada en 1620, la reputación de los sobrevivientes llegó a oídos de John Winthrop, ferviente puritano, juez, político, teólogo, jurista y egresado de la Universidad de Cambridge.
En el verano de 1630, Winthrop arribó a Massachusetts con 11 barcos, financiados por él mismo, transportando a más de mil puritanos. Fue nombrado primer gobernador de la colonia y reelegido en 12 ocasiones, consolidando un modelo de liderazgo moral y cívico.
Fuentes históricas verificables
Todo lo expuesto está sólidamente documentado, sin mitologías ni leyendas, sustentado en testimonios oculares como:
William Bradford, uno de los 67 peregrinos sobrevivientes del Mayflower, autor de Of Plymouth Plantation (1620–1647).
Cotton Mather (1663–1728), clérigo puritano, científico y miembro de la Royal Society, autor de Magnalia Christi Americana.
El pensamiento teológico como base intelectual
No se puede explicar el éxito estadounidense sin mencionar al teólogo William Ames (1576–1633). Su obra The Marrow of Theology (1623) se convirtió en texto central en universidades como Harvard (desde 1636), Yale y otras instituciones coloniales durante más de un siglo, forjando un pensamiento bíblico profundo en la élite intelectual del país.
McGuffey y la educación del carácter
Otro nombre clave es el del profesor William Holmes McGuffey. Sus McGuffey Readers vendieron más de 120 millones de copias, convirtiéndose en los libros de texto más difundidos de la historia estadounidense.
Estas obras enfatizaban, la soberanía de Dios, la lectura y la educación, la moralidad y la formación cívica.
Abraham Lincoln lo llamaba “el profesor de Estados Unidos”. Sus textos dominaron las escuelas desde 1836 hasta 1960, cuando fueron desplazados tras la llegada de John F. Kennedy al poder.
Reflexión final
He mostrado en esta segunda entrega el ADN fundacional de Estados Unidos, los cimientos espirituales, morales y educativos que explican su grandeza histórica.
Atesoro personalmente cada uno de estos libros, consciente del impacto transformador que tuvieron en la formación de una nación.
En la próxima entrega, mostraré qué estaba ocurriendo, en ese mismo período histórico, en la República Dominicana, con el propósito de identificar nuestras falencias. Estoy convencido de que dichas falencias no son eternas y de que poseemos la capacidad real de superarlas.































